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Philippe Pinel en La Salpêtrière – Francia (1795)

Pinel simboliza el inicio de la psiquiatría moderna: reemplaza la violencia por cuidado médico, aunque los pacientes siguen encerrados. Foucault lo ve como el gran encierro: la locura se observa y controla en instituciones.

Philippe Pinel en La Salpêtrière – Francia (1795)

Por Mgter Gabriel Ainciart. Presidente FLEDNI Fundación.

La figura de Philippe Pinel representa un momento fundacional en la historia de la psiquiatría moderna. En 1795, según la narración simbólica que lo ha inmortalizado, Pinel ordena la retirada de las cadenas a las pacientes del asilo de La Salpêtrière, en París. Este gesto fue interpretado por generaciones posteriores como el comienzo del tratamiento moral: una forma de abordaje de la locura que dejaba atrás la violencia física para abrir paso al cuidado racional, métodico y bajo la tutela de la figura del médico. La pintura que lo representa, realizada por Tony Robert-Fleury en 1876, encarna este momento con aire de hazaña ilustrada.

Sin embargo, la historiografía actual discute la literalidad de esta escena. La liberación de las cadenas habría sido más un proceso que un acto heroico aislado. Y, sobre todo, no debe confundirse con la liberación del encierro: las pacientes de La Salpêtrière continuaron confinadas. Lo que cambió fue el método de sujeción, no su condición de objeto institucional.

Foucault se refiere a esta etapa como el nacimiento del "gran encierro": un momento en el que la locura empieza a organizarse como objeto de saber y de intervención médica. La diferencia, antes expulsada (como en El Navío de los Locos), ahora se captura. Se encierra, se observa, se documenta, se estudia. Es el paso de la marginalidad flotante a la reclusión estructurada.

La figura de Pinel, por tanto, es ambigua. Por un lado, representa un avance: se reconoce a las personas con sufrimiento mental como humanas, dignas de trato. Por otro, inaugura el largo ciclo del asilo: edificios separados, poblaciones segregadas, abandono, negligencia y discursos psiquiátricos que clasifican y normativizan.

Esta ambigüedad es clave en la lectura curatorial de la microgalería. Pinel no es un héroe ni un verdugo, sino una transición. Su gesto encarna la tensión entre el humanismo ilustrado y el disciplinamiento moderno. Liberar de las cadenas no es liberar del sistema: es redefinir el control en términos médicos y morales.

Colocar esta imagen tras la de Bosch permite mostrar esa transición: del extrañamiento al encierro, del margen al centro institucional. Lo diferente ya no se expulsa: ahora se contiene, se clasifica y se trata. La diferencia comienza a tener un lugar fijo. El hospital reemplaza al navío.


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